Los cronistas cuentan que la ciudad inca del Cusco fue construida por unos cincuenta mil hombres a lo largo de más de una década, comandados por el inca Pachacutec, quien a sus dotes militares también sumó sus habilidades como arquitecto.

El inca encausó dos ríos y diseñó una ciudad dividida en doce sectores, a partir de una gran plaza, todo un horizonte que conectaba con las montañas o apus, los dioses tutelares andinos.

Sin embargo, la pregunta que siempre ha rondado por la cabeza de los investigadores ha sido cómo se construyó Machu Picchu, cómo se hizo para acarrear enormes bloques de piedras hacia la montaña, y transformar una zona tan inhóspita, entre la cordillera y la selva, en una de las maravillas del mundo moderno.

Y, finalmente, cuál fue la utilidad de esta formidable construcción que para algunos era un santuario, un sitio de retiro de la nobleza inca y para otros, como el arqueólogo Luis G. Lumbreras o la historiadora Mariana Mould de Pease, era la gran tumba del inca Pachacútec.

Gran parte de este misterio se ha comenzado a resolver con las investigaciones de una pareja de investigadores estadounidenses, Kenneth y Ruth Wright, de la Universidad de Boulder, Colorado, quienes tras años de trabajo han deteminado los secretos de la ingeniería civil inca: no solo para otorgarle consistencia a los muros de piedras, sino también para lograr la pendiente exacta para conducir el agua.

"Estamos sorprendidos de la habilidad que tuvieron para crear un plan maestro y dibujar los diseños antes de enpezar sus construcciones", dicen los investigadores en una entrevista reciente.

Ellos han llegado a Lima para dictar la conferencia titulada como su último libro, "Machu Picchu maravilla de la ingeniería civil inca", en el Centro Inca Garcilaso de la Cancillería, el próximo jueves 27 de agosto.

En el 2007, el presidente Alan García otorgó a Ruth y Kenneth Wright la Orden de Mérito por su distinguida labor en la promoción de la historia y el legado cultural del Perú.